jueves, 18 de junio de 2026

Un jardín de flores, y un huerto mediterráneo

 La última entrada fue el 5 de marzo, y decía que te quedaban días.

Te fuiste al día siguiente. 20:45. Entré en modo responsable. Alguien tenía que hacerlo. Llamar a los de la UHD. A la funeraria. Al seguro. A la familia. Arreglar los papeles y ser la centralita por la que pasaba todo y todos. Creo que empiezo ahora a poder soltarlo.

Aún me cuesta no llamarte por teléfono cuando salgo del trabajo.

No me acostumbro a estar de continuo en la montaña y que no estés en el huerto.

Porque en el huerto estoy yo. Y no quiero pensarlo mucho.

A veces me sorprendo haciendo cosas y hablando contigo en voz alta cuando sólo están de testigos los perros. Cuando me peleo con el serrucho, o se me suelta el tirante de la mochila de fumigar. Mientras ato los tallos de las tomateras a la barraca, o mientras me peleo con el pulgón de los naranjos y recojo caracoles del huerto para que dejen en paz las calabazas. Curiosamente, no van a las guindillas. He plantado melones. He hecho mermelada de nísperos. Mucha. Se ha roto una rama del melocotonero. Te voy a plantar otro, y un ciruelo.

Te he pintado la piscina. Me he cambiado de cuarto. Te estoy dibujando junto a la iaia, pero me cuesta hacerlo sin llorar, así que avanzo despacio. Mucho.



Aún salen de vez en cuando monederitos de los tuyos, de los que tenías en cada chaqueta y cada bolsito. Mamá y la tía lo dicen un poco a broma y un poco en serio, que no quieren verlos para no verme la cara. En todos tienes fotos mías. Sólo mías. En la cartera tienes una foto de cada una de ellas, una de Lucía, y tres mías. Yo te llevo también, en mi cartera y en la funda del móvil. Y en la libreta. Y en la guantera.

Te echo de menos.

Sé que te lo dije mucho y a menudo, pero me faltó decirte más te quieros.

Infinitos.

Te quiero, iaio.

Mucho.



Y no te has ido porque te llevo conmigo, y te tengo muy adentro, pero no puedo dejar de pensar que ojalá estuvieses aquí conmigo. Que te rieses de que estoy aprendiendo mecánica y chapurreando francés. Que discutieras conmigo porque así no se cogen los rodillos. Que intentases convencerme de no sulfatar las parras para hacerlo tú. Notar tus manos ásperas y llenas de callos en mis hombros dándome unas palmadas antes de darme un beso en la mejilla. Irnos al bar de Juanito a tomarnos un café y pelear porque no quiero que siempre pagues tú.


Te quiero, iaio. No pienses que he dejado de hacerlo.

No creas que te he olvidado porque no hablo de ti a menudo.


Las cosas que más quiero son las que más profundo me guardo.

Te quiero.

Mucho.

Muchísimo.


[Nada más amado que lo que nunca he tenido, 

nada más amado que lo que perdí] multiplicado por dos.