Le han quitado al abuelo la quimio y ya se queda con los parches de fenta y las pastillas de morfina, aguantando sin dolor hasta que su cuerpo quiera.
Y, bueno. No voy a decir que me parece injusto, porque es algo natural. Tiene 87 años, y en el último año y medio vive de tiempo robado. Sano, porque sus analíticas salen mejor que las mías casi. Exepto por el azúcar y los marcadores tumorales. Pero, nuevamente. Ochenta y siete añazos. Y en 2025 le han operado de cáncer de colon, quemado por radio tumores hepáticos y curado una hepatitis que tenía latente desde hace casi cuarenta años. Y el hombre aún se hace unas cuantas dominadas y sentadillas y pasea por su huerto sulfatando y se entretiene con sus perros.
Asi que, en cierta medida, sí es justo. Es justo que con esa edad y esa resistencia se vaya sin dolores. Preferiría otras circunstancias, pero son las que hay. Y mientras esté en mi mano, se va a pasar el tiempo que quiera aguantar sin dolores ni sombra de ellos.
Y ya se juntará con el otro abuelo, que se fue el año pasado, justo tras su cumpleaños. Me contento con que éste abuelo llegue a su cumpleaños también. Ojalá.